Bueno, para resumir, no les dejé seguir adelante. Pensé que lo mínimo que podíamos hacer era dejarles usar la habitación de Charlie durante unos días, hasta que se organizaran. Quería llamar al hospital local y ponerlos en espera, pero la chica no quiso ni oír hablar de ello. Dijo que tenía que dar a luz en el suelo, mirando en una dirección concreta, mientras se recitaban unos conjuros... todo ese tipo de cosas. Pero era lo que ella quería, y se trataba de su bebé, así que hice todo lo posible por seguirle el juego. Les dije que podían usar el campo de atrás, pero que, por supuesto, tendríamos que montar algún tipo de refugio. El chico dijo que no había problema, que podía hacer un tipi con tres trozos de madera y un par de sábanas viejas. ¡Tres trozos de madera y sábanas viejas! ¿Te lo imaginas? La verdad es que no tenía tan mal aspecto cuando lo terminaron. Me impresionó bastante. Por suerte era primavera y el tiempo no estaba tan mal. ¿Te imaginas dar a luz en el suelo en Inglaterra en invierno?
Me temo que a Emily no le hacía mucha gracia que estuvieran en la habitación de Charlie. Tuve que insistir... casi suplicarle por la niña. Me sorprendió. Me permitió ver un lado de Emily que no había visto antes.
Sí, ahora que lo pienso parece una locura, pero, considerando todas las circunstancias, todo salió bastante bien. Llegué a conocer bastante bien al chico. Hablaba del amor, la paz y la no violencia, y de todas esas cosas de las que solían hablar los jóvenes en aquella época, además de la comunidad en la que habían vivido en la India. De cómo el mundo iba a cambiar para siempre: se acabarían las guerras, la crueldad, la explotación, la propiedad privada y la codicia. De cómo creían que el hijo que iban a tener juntos iba a ser una de las semillas. Una fuente de la que iba a brotar este maravilloso mundo nuevo.